Un mes y mil emociones. Tres viajes. Tres países. Demasiados sentimientos a flor de piel, demasiadas historias, decepciones y sorpresas. Momentos incómodos, confusiones... Pero siento que crezco un poco más. Algo se está organizando en mi cabeza y, párrafo por párrafo, el texto de mi vida me cuenta lo que realmente quiero.
El viaje a Suecia fue el primero de una cadena de idas y venidas que espero que siga su curso. Descubrir un nuevo país, sentir que estás en territorio desconocido, que todo es distinto, la cultura, el clima, las casas, la luz, los colores, el mar, el idioma... Eso siempre es una gran sensación, algo inexplicable que hace que un suspiro inocente recorra todo tu cuerpo y que te haga más vulnerable a las emociones. Las calles estrechas de Gamla Stan, un paseo en barco por una ciudad compuesta de 17 islas. Encontrarme frente a un barco que naufragó hace cuatrocientos años y que el hombre ha sido capaz de reconstruir a la perfección, haciendo su historia más viva. ¿Realmente somos tan pequeños? ¿Realmente no somos nada?
El viaje a Suecia fue el primero de una cadena de idas y venidas que espero que siga su curso. Descubrir un nuevo país, sentir que estás en territorio desconocido, que todo es distinto, la cultura, el clima, las casas, la luz, los colores, el mar, el idioma... Eso siempre es una gran sensación, algo inexplicable que hace que un suspiro inocente recorra todo tu cuerpo y que te haga más vulnerable a las emociones. Las calles estrechas de Gamla Stan, un paseo en barco por una ciudad compuesta de 17 islas. Encontrarme frente a un barco que naufragó hace cuatrocientos años y que el hombre ha sido capaz de reconstruir a la perfección, haciendo su historia más viva. ¿Realmente somos tan pequeños? ¿Realmente no somos nada?
Chocolate caliente antes de entrar en un bar a menos cinco grados de temperatura, vasos de hielo... La imagen de una ciudad dormida, una capital con luz pero muy apagada, en la que por la noche todo duerme. Reliquias arquitectónicas, la guardia real y el chispeo de una lluvia permanente. Un ayuntamiento encima del mar, la evocadora sala de oro dónde los Nobel premiados celebran sus galardones. Después de este bonito recorrido entramos rápido en la estación de Uppsala, una ciudad universitaria a la que decidimos ir como buenos Erasmus. ¿Libres?
Cuatro días más tarde aterrizo en Copenaghen, con la ilusión de visitar a una gran amiga que siempre está conmigo. Emociones. Largas conversaciones. Intuiciones. Conexión. La ciudad vieja de Aarhus no tiene desperdicio, es una oportunidad única de ver un museo real y de ver, de nuevo, que el hombre puede hacer cosas maravillosas...

Leiden, visita obligada y deseada a la vez. La cita de todos los años, que tuvo lugar esta vez de una forma muy extraña y breve. Las risas de siempre, con la gente de siempre. Aquella que a pesar de la distancia sigue ahí y que tanto se hace querer... Me fascina que aunque todo cambie haya cosas que sigan igual...


No comments:
Post a Comment